viernes, 8 de mayo de 2020

"El motivo es el poema"
                        Alberto GIRRI
Hola amigos abro este nuevo espacio en mi blog, que lleva como título la frase célebre de Alberto GIRRI, para darles a conocer mis poemas. Espero que sirvan para discutir la esencia de la poesía y tal vez generar espacios de debate-taller sobre lo que es o consideramos poesía.

De la Antología "ELLAS 2" Edit. ATHAL abril 2019 . San Nicolás Buenos Aires les dejo este poema.









La Señora de los sueños


                                                                                                              Ahora
                                        en esta hora inocente
                            yo y la que fui nos sentamos
                         en el umbral de mi mirada
                                                                                           Alejandra PIZARNIK  


Lapidada estás entre los marcos

de fotos amarillas del cuartel

donde acunaste en misógino prontuario,

 los gritos del 98, la huida del 55,

los dolores del 76 , las ausencias del 82.

Desde  encajes baratos del turco callejero

hasta el percal indomable en polleras de molde,

desde la psicodelia de Minujin hasta los caretas del under

la tediosa fajina  de los cuerpos

calmó en regocijo de carne fresca

 tu inquietud tras las puertas de honorables baldaquinos,

tú, la promiscua,

atesoras secretos de aliados y rebeldes,

 doctores, indigentes, sacerdotes y maestros.

La señora de los cuerpos

La dueña de las almas,

quien regurgita cicatrices de esquina, la misma de siempre.

 Donde la miseria

 regala medias de red

y el perfume barato ahoga, en cada turno,

 lo que dicen que sos.



                                                           Ignacio Villanueva







Esa palabra

Esa palabra
Hace mella en mi vergüenza

Tu aquelarre, siempre el mismo,
encierra en lo posible, el hueco  de sonidos
que zigzaguean en la arena
que caen  entre los cristales ,
que se agitan con el golpe del yunque de Vulcano
que lamentan,
que estrangulan la doliente mirada  de un infierno visitado mil veces.

Ese absurdo bullicio de tu palabra
atrapante, encarceladora,
humillante
goza, desde aquí, la arrogante orgía de mi silencio. 

                                                                                  Ignacio Villanueva








A Ramses.

Yo no tengo la edad que tengo

Tengo muchos más años en los meridianos de tu nombre y

 en la boca sugerente de cada mañana

Tengo ancestrales gajos de vida olvidados en los vórtices de Keops cuando se disgustó

 con Micerino

Tengo aliterado en capas de siemprevivas, aquel  beso en el jardín de tu inocencia

Y

Acurruco en las mesetas de tu vientre

La suficiente algarabía

Para conceder la entrega

No tengo cabellos de hielo ni quejumbrosos ayes de  viejos.

Sólo algunas miradas grises que deambulan en silencio.

No quiero hablar de lo que falta ni de las vendas que rozan mi cuerpo, no quiero ceder

 un tramo de este andar corcovado  que mira  las migajas porque se cansó de los cielos

Ni siquiera sostengo la amargura

De verme en cuadros y hojas sueltos como un faraón maltrecho por los cepillos y 

escalpelos de truanes de cualquier imperio

Yo quiero la vida que me dieron aquellos que fueron

Y no la muerte en sombras como olvidado por los vientos


Denme una sepultura de aire que fluya en ríos polvorientos y una hogaza de  vida 

eterna para saber que no he muerto.


                                                                       Ignacio Villanueva









Como un lapislázuli

He abierto los ojos esta mañana.

Absorto, frente a mí,

una mirada de hombre

joven

bien parecido,

  intuye

conocerme.

Giro en busca de indicios

que remuevan mi modorra de domingo

atolondrado de insomnio.

Nada.

Nadie.

El hombre sigue allí

Estatua florentina pálida de esperanza.

Sus pupilas

sonríen en rocío de encuentro

y descubro el hoyuelo típico de mi padre.

Es casi parecido

a mi padre

y a mi hijo.

Si es que tuviera hijos

Pero serían así.

Opaco vuelvo al catre

Donde habitan mis ayes

He abiertos los ojos

Y he visto un hombre que me observa

Traje azul

Sonríe

Como lo hacía mi padre.

Monta una fogata el sol

en mi ventana

y la figura

azul

ya se ha ido.

                                                                              Ignacio VILLANUEVA







 Jazmines del bautismo

Observo caer el último de los círculos concéntricos
del jazmín,
deja su insolente
estela de blanco sobre la tardecita de otoño,
se deshace en la membrana
que cubre la piedra bautismal de la
mañana.

El bronce danza un salmo
desde el ángulo derecho del campanario
descascarado en pecados.

A las ocho, el bendecido,
el hijo de alguien
que ya no será el mismo,
serpentea entre los crisantemos
La misma  leve sombra
Que huye en espera.


                                                 Ignacio VILLANUEVA






Umbra


Apenas se desdibuja el poniente
Y
El olvido cae,
Desde lo opaco
De tu nombre.





                                                                      Ignacio VILLANUEVA





Madroños en sepia

Una canasta debajo de un árbol

Una canasta sola

abandonada

espera el retorno de amantes

atrevidos.

 Los tilos

fuera de compostura

cantan una melódica bourrée

Lejos

una rosa blanca

desfolla el capullo

en ardores estivales

y la canasta pierde su encanto

en  invasión alegórica

de una reina y sus obreras.



 Ácaros, enhebran los sarcillos

 y entre enaguas

 desvanecidas de sol

corren la noche desde el fondo

Ya son otros

los amantes

ya son otros.



                                                               Ignacio VILLANUEVA







PIEDRA DESNUDA

Este viento,

enojo que viene del Norte,

desnuda de agua la cuenca

infértil.

Desesperados brillos reducen el sol hasta la última gota

y las piedras del fondo,

que todos desconocían,

saltan las orillas para cubrir sus genitales

húmedos de antiguas crecientes.

 

No hay agua

No hay río

No hay vida que serpentee entre los surcos

donde antes ahogaba el camalote su

danza de cisne

Las piedras desnudas

del fondo

huyen

en islotes de barro.

Lejos llora una chicharra

en estertores, su ahogo en humo

y la esperanza bañada en salmos

de todos los campanarios,

viene escondida en un trueno.

Ignacio VILLANUEVA






Desde el Pacífico


Y acá estoy

con los versos de Pablo

cuando gritaba sacudiendo el Pacífico.

Y el vino

Y la locura

Y la incipiente maldad de sus tiranos

que lo ahogaban

en sangre andina

hasta que no quedaran

más que sus versos

y su luna negra

en la casa isla

 

Y aquí estoy rogando

desde la espera

que alguien escriba

plegarias

para calmar su amor

de amada en silencio

Mujer olvidada,

cenizas de amantes,

con oropeles de rangos

 

Hombre poema

Hombre palabra

Hombre cegado

por tristes versos

en una noche sin olvido.


Ignacio VILLANUEVA











Aunque el aire no alcance…

¿Cómo digo que te quiero

en este estado de mutismo

obligatorio?

 

Las voces mueren

en la tela,

y el murmullo de gorjeos

que quiso enamorarte

se detiene

en su trayecto

entre tus almendras dibujadas de ojos

y los abetos de la plaza,

donde contabas  historias

de hospitales.

 

Y el aire que no llega…no alcanza.

 

Y las filas interminables de suspiros

Y de miedos

entre esta poesía que no puedo declamar

sin que los fuelles de Vulcano

aviven el vuelo

de colibríes negros,

aunque no lleguen

a los agapantos

y azucenas  que estiran sus cuellos

y gritan sus deseos

de vida

con las bocas abiertas ¿Quién pudiera?

 

Entre  el óxido de tu lágrima,

tal vez última,

en espera,

develo el insostenible

grito de este amordazado espanto:

decirte que te quiero a pesar de las telas

y los ahogos,

que exigen este tiempo mío.

 

 Ignacio VILLANUEVA.





COMO LA CALESITA

 

Un ojo entre las ramas

agita el viento

y pasa esta vida mía

como  calesita

aturdida

de esperanza .

Entre tangos de D´Arienzo,

Y una vuelta con

John Lennon

Y una vuelta con  Carlitos Balá,

glorietas del pueblo

donde los infantes octogenarios

escuchan sus recuerdos ente frituras

de viejas grabaciones.

 

Y allí estabas

en medio del aguacero de llantos secos

de tantas arrugas saludando a tus nietos,

Y volví a mirar

entre incógnitas mudas,

entre  caballos descascarados

y el cisne amarillo donde paseábamos alguna tarde

de domingo,

con las risas perfumadas de promesas

Y quise preguntarte con mis negros ojos de siempre

¿Dónde quedó la que fuiste?

Y me respondiste

con tus  idilios verdes  entre postizos que cortaban el viento del este,

¡Donde dejaste olvidada tu palabra de siempre ¡

 

Giramos con nuestros nietos tantas rondas ajenas

como pudieron los reproches en miradas,

o hasta que Palito Ortega pidiera una pausa entre tanta “Felicidad”

vestida de mentiras.

 

 

 



En la santa bruma

 

A la noche

cuando las estrellas

nadan en los charcos

nuestros padres bajan a darnos

las buenas noches,

para abrigarnos en alcanfor

tibio

acunando

en “La” menor

tres notas sostenidas

en tintineo

de cascabeles

 

Y hacemos bollitos de algodón

en sábanas de nostalgias

Y

entre nuestras arrugas

inesperadas de

los vientos del este

se llevan

en andas

dolores del alma.


Ignacio VILLANUEVA.








Con cierto toque sensual


Qué rara costumbre

la de querer sacar poesía del viento.

 

Y sacuden sus melenas desgreñadas

y arquean sus dorsales

exorcizando al trueno

que jacta desde lejos

su poder previsor.

 

Deambulan eróticas,

se golpean

se insultan

quiebran cinturas

hasta que el macho viento del Norte

las doblega hasta el límite

y ellas

desesperadas de amor

lloran locas de deseo

su réquiem en fa menor.

 

Se detiene la vida,

pueblito costeño,

rosarios discurren murmullos entre arrugas

de zafra.

 

Lejos,

la catedral de cañas grita, en tubos de chala

como un órgano sin clavijas

muda

y abarrotada de miedo,

el éxtasis de un poema

robado al infierno.

 

Llueve en síncopa.

Goza la serenidad  lujurias contenidas.

La naturaleza,  ensortijada

en placeres ancestrales,

nos ha dado nuevamente

 poesía.

 

 

 

 





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