sábado, 29 de febrero de 2020



La dulce agonía del desenlace

Siempre que se da comienzo a un nuevo trabajo intelectual surgen, en forma instantánea, las dudas sobre cuál es el tema, dónde ubico al personaje, qué perfil le voy a dar y, sobre todo, cómo será el final.
En estos casos uno entra en la nebulosa de pensar si lo que está escribiendo es, una actividad catártica producto de los ingeniosos problemas que nos acarrea la vida cotidiana, o es un futuro texto con esperanza de ser una obra literaria. Hago esta aclaración ante la gran diferencia que existe entre el primero y el sueño que nos desvela... lograr lo segundo.
Tal vez calma la desesperación de quien inicia este placentero y agónico camino, leer a los grandes de la victoria de la palabra. En cierta ocasión y totalmente fortuita su oportunidad, llegré a la " Narrativa completa" de Filisberto Hernández, con un exquisito estudio crítico de Jorge Monteleone, ediciones El cuenco de plata latinoamericana. Arribo a él digo, de manera fortuita ya que en esas incursiones por las librerías de Mar del Plata en busca de esas oportunidades que están a la espera de los buscadores de oro en formato papel. 
Allí y gracias al estudio preliminar de María del Carmen González encuentro que, semejante representante de los narradores, sufrió la misma agonía que cualquier terrenal.
Monteleone, además, incursiona en el estudio de ese sendero gelatinoso que transita todo escrito obsesivo, como muchos de nosotros:  disociación y postergación. Es decir comienzo y  fín de toda historia. 
Cito:

"Hay dos momentos que teme el obsesivo, que disocia y posterga: el comienzo y el fin. El primero porque sabe que una vez que algo se inicia comienza también su gozosa, intolerable tortura: lo que haga será una nueva obsesión y, una vez realizado, un posible fracaso. El fin, porque acabar con todo es un infinito anticipo de un desgarramiento: la separación y la muerte, garantes de la incompletud."

HERNANDEZ, Filiberto: "NARRATIVA COMPLETA". El cuenco de plata ediciones. Bs.As. 2015. Pág.7 a 9. 

Interesante mirada desde un análisis profundo que sugiero, humildemente, leer en su totalidad. Sobre todo a quienes quieren vencer esa especie de montaña rusa que  nos atormenta, confunde y agobia cuando queremos comenzar una historia pero hay una muralla que no nos permite, ni siquiera por sus débiles intersticios, volcar esas voces que no se callan en nuestra mente.
Llegar a un desenlace ya es todo un logro, que el mismo sea lo que pensábamos en un comienzo es otro, y que ese final sea la muerte de una historia que renazca en la alegría del encuentro con un posible lector es, sin lugar a dudas, una batalla cuerpo a cuerpo entre lo que quisimos ser y lo que finalmente fuimos como escritores.
Por último tanto Hernández como otros contemporáneos, han pensado en el insoportable concepto de fracaso. Pero ese sería  tema para otra oportunidad, para encontrarnos con otras miradas  de escritores de gran porte como nuestro querido Felisberto.

Me despido con una cita de su " Diario de un sinvergüenza"

" Una noche el autor de este trabajo descubre que su cuerpo, al cual llama "el sinvergüenza", no es de él; que su cabeza, a quien llama "ella", lleva, además, una vida aparte: casi siempre está llena de pensamientos ajenos y suele entenderse con el sinvergüenza y con cualquiera.
     Desde entonces el autor busca su verdadero yo [ y escribe sus aventuras]"
                                                                                                Felisberto HERNÁNDEZ .
Hasta la próxima amigos!
 





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